El renglón
sábado, 22 de junio de 2024
lunes, 15 de mayo de 2023
La verdadera historia de Mario Bross
Mario Bross: el súper héroe fontanero del reino
champiñón, es en realidad Mario Joaquín Muñoz; hoy en día un habitante más de
las calles de centro de Cali en el sector del calvario, su padre don Julio
Muñoz, plomero de profesión y proveniente de una familia campesina, tuvo dos
hijos con la señora Ana María del Socorro, pero enviudó cuando sus hijos tenían
5 y 7 años debido a un agresivo cáncer pulmonar.
Don julio crío a sus dos hijos con los pocos
recursos que 4 años de lucha contra el cáncer de su mujer dejaron en sus
bolsillos y luego de haber perdido lo último que le quedaba, una casita en el
barrio obrero que el banco remató para cubrir la deuda, cayó en una profunda
depresión cuyo único escape era el alcohol.
Mario era el más pequeño de sus dos hijos y a
diferencia de Luis no le gustaba ir a la escuela, por más que su padre los mandara
a ambos cada mañana con el estómago vacío, un buen juetazo por no despertar a
tiempo y su acostumbrada sarta de insultos, Mario volvía a escaparse para vagar
por las calles y conseguir dinero limpiando los vidrios de los automóviles para
jugar a las maquinitas. Hasta que un día su padre lo sorprendió en un semáforo
con malas compañías y aunque lo molió a golpes, siguió por el mismo camino, así
que después de un tiempo dejó de insistir en que fuera a la escuela con su
hermano Luis y empezó a llevarlo con el a los trabajos ocasionales que
conseguía.
Aunque era duro de cabeza, algunas cosas de
plomería aprendió de su padre; mientras Luis aprendía a leer y a escribir,
Mario aprendía a destapar cañerías y reparar inodoros, con el tiempo los
caminos de los dos hermanos se separaron, Luis era un excelente estudiante y
obtuvo una beca para estudiar derecho en Bogotá, Mario seguía los pasos de su
padre, trabajaba de vez en cuando y vivía metido en prostíbulos en los que
gastaba el poco dinero que ganaba consumiendo cualquier clase de droga que lo
mantuviera ajeno a la realidad que vivía. Don Julio siempre decía que su hijo
era todo un macho, y estaba orgulloso de que no fuera un mariquita como su
hermano. Cuando su padre enfermó de
cirrosis tardó solo un mes en despedirse de este mundo y Mario que desde hacía
años no hablaba con su hermano Luis tuvo que llamarlo al teléfono de una vecina
para decirle que su padre había fallecido en el hospital San Juan de Dios una
tarde del 20 de enero de 1993.
Luis regresó a Cali para convencer a su hermano
Mario de ir a vivir a Bogotá pero todo fue inútil, la vida de Mario fue mucho
peor luego de que su padre murió, consiguió que ya nadie lo contratara porque
robaba a todo el que le diese un trabajo para comprar bazuco y mariguana, y así
pasaba sus días y noches consumido por las drogas, en un intento desesperado
Luis recluyó a Mario a la fuerza en un centro de rehabilitación en Pance, pero
Mario aprendió a escapar por las noches y otros internos le enseñaron un camino
hacia lo alto del río donde podían conseguirse hongos. La desesperación por la
abstinencia hizo que Mario probara los hongos que nacen en la boñiga de las
vacas, cuando Luis visitaba a Mario lo encontraba más tranquilo y por algún
tiempo llegó a pensar que la terapia en realidad estaba funcionando y que al
fin su hermano podría salir del oscuro mundo de las drogas.
Bastó solo unos meses para que Mario empezara a
perder la cordura, sus conversaciones comenzaron a abstraerse hacia mundos
imaginarios, hablaba de un mundo en forma de un gigantesco hongo o a veces
también relataba extraños viajes por cañerías obstruidas, estos relatos que en
algunos casos eran seguidos de crisis nerviosas captaron el interés de los
médicos del lugar y en este punto Luis ordenó que le practicaran un estudio
para determinar si había vuelto a consumir alguna droga.
Los estudios arrojaron los resultados
esperados, pero había pasado un año desde que Mario se encontraba internado en
la fundación y su cabeza nunca estuvo en orden nuevamente, Pilar su médico de
cabecera quien para Mario era su “princesita” dio la triste noticia a Luis:
Mario había sido diagnosticado con trastorno de despersonalización, un grave trastorno
disociativo de la realidad que consiste en sentimientos persistentes o
recurrentes de estar separado del cuerpo o de los procesos mentales propios,
que pudo haber empezado en la infancia debido al abuso físico y la violencia
doméstica y que lógicamente se agravó por el consumo de hongos alucinógenos.
Ordenaron el traslado de Mario a un centro psiquiátrico,
pero en cuanto este se enteró que pensaban separarlo de su princesita en
un horrible episodio psicótico rebanó de lado a lado el cuello de su médico de cabecera
María del Pilar Garzón con un bisturí de oficina. Cuando la policía le preguntó
por lo sucedido el solo dijo que eran ellos quienes se la habían llevado. Por
su condición médica Luis consiguió que no fuera a la cárcel, estuvo recluido 10
años en un sanatorio mental del que salió más viejo y más loco que antes, hoy
recorre las calles del calvario en compañía de Yoshi su perro guardián, lo suyo
son las cañerías, las limpia y la gente le arroja monedas con las que espera
algún día poder rescatar a su princesita de los monstruos verdes como él los
llama.
Imagen Generada por IA: Cyberpunk Portrait Generator API
sábado, 13 de mayo de 2023
El cuarto blanco
lunes, 24 de agosto de 2020
La moderna glaciación
Es un planeta vasto, pero en él han muerto las musas, tiene el tan preciado oxigeno pero el aire no guarda aromas, me deslizo en medio de las nubes de dióxido, tratando de encontrar una salida pero no la encuentro, no sé cómo llegue hasta aquí, fue en vano acaso el recorrido que hacía por entre los mundos, en vano todos los siglos por los que llegué a ser.
Simplemente un día, el más común, como cualquier otro desperté, abrí los ojos a la luz solar y sin quererlo me sentí extranjera cuando todos creían encontrarse en casa, estoy condenada a vivir en un cruel mundo donde el frío glaciar de sus habitantes quisiera a veces consumirme hasta quedar en nada.
Vivo escondida entre aparentes muros de hielo para que el frío que deslíen los demás seres vivos de este lugar no logre tocarme, este frío es una plaga que mata lentamente, enfermedad silenciosa que nadie llama enfermedad, a la que le rinden culto los moradores del glaciar y le llaman a su vez con nombres demasiado insignes para maquillar su malvado interés.
He conocido gentes benévolas en apariencia, pero debajo de su bondad se camufla el desgraciado virus que nadie quiere erradicar, he puesto el corazón más de una vez queriendo creer en realidad que existe un alma libre de este mal, pero el abrigo con el que he venido de allá arriba me salvado de sufrir una hipotermia o de finiquitar.
He conocido un grupo muy selecto de personas a las que les molesta este mal, les molesta tanto que les hace sufrir y llorar, a veces suelen protestar contra él, es un grupo muy pequeño y los llamo amigos aunque no sé sí el Dios frío a dejado sobre este planeta un rastro de la amistad, a veces el frío se cuela y nos hace olvidar, sin embargo trato de recordar y fueron estas las únicas personas a las que este titulo les sentaba menos mal, los veo siempre como me veo a mi, perdidos entre la niebla tratando de hallarse a sí mismos. Sin motivo alguno y aunque ellos no quieran, yo los pierdo cada día más, el frío fascina, entorpece los sentidos y apabulla sin cesar, solo gente muy valiente se atreve a desafiarlo, el precio es demasiado alto, el precio es la soledad.
La mascara de hielo que mis amigos usaron para poder sobrevivir ha terminado por adherirse a su verdadera identidad esta mascara ya no es cálida como la mía, ¡se ha helado! Por eso debo poner distancias que no existen, no puedo terminar enferma de un frío irracional.
Deliro con el frío, en ocasiones cuando duermo siento como silba en mis oídos, como su mano inerte desea mi rostro tocar, despierto sobresaltada en medio de la oscuridad buscando de su maléfico poder escapar, tomo mi abrigo y me dispongo a marchar, a vagar, prefiero andar como un forastero: sin un lugar para llegar, ya casi no uso la mascara, pues podría sin quererlo terminar enfermando como todos los demás, solo abrigo la esperanza de poder volver a donde pertenezco, de volver pronto pues ya no sé hasta cuando pueda seguir huyendo del frío, ¡no puedo unirme a su desventurado glaciar!
Siento mucho dolor, de ver como este virus carcome a toda la humanidad, podrán llamarle fuerza, poder y no sé que más, pero yo le llamo fría y atroz insensibilidad que ha nacido en las garras de la superficialidad.
Créditos de la imagen:
Foto de Invierno creado por wirestock - www.freepik.es
Mayday
¡Alfa! ¡alfa! vehículo exploratorio Orión sin
control, recuerdo que fue lo último que dije antes de estampillar la cabina de
mando contra un tejado derruido. Lo siguiente que recuerdo es que traté de
esconder el desastre, por fortuna usaba uno de los vehículos de exploración
planetaria más pequeños cuando ocurrió la falla, al parecer un impulso
electromagnético generado en la zona afectó los controles de mando mientras exploraba.
El vehículo traspasó completamente el tejado razón por la cual solo tuve que
mover unos bloques de zinc usados por los humanos a modo de techo para cubrir
el paradero de la nave.
El lugar parecía abandonado, era un depósito muy extraño y oscuro, había un estante muy raro que contenía cadáveres de especies animales en un líquido viscoso ¡vaya forma de conservación! en otro estante se encontraban apilados pergaminos que parecían ser muy antiguos, traté de leer algunos, eran muy grandes y contenían dibujos, aún estoy estudiando el lenguaje escrito de los humanos, pero por lo que pude apreciar se referían a eventos pasados y algunas investigaciones. La puerta de esta estancia se encontraba cerrada desde afuera y según recuerdo cuando sobrevolaba se trataba de un edificio aislado en una construcción más grande, mi desarrollado sentido del oído me confirmaba que no había presencia humana en las inmediaciones, en este punto me sentí muy cansada, mi estado no era el mejor después de un aterrizaje de esta índole, los aparatos de la nave seguían sin funcionar, me deslicé a su interior y entré en un largo trance de recuperación.
Perdí la noción del tiempo y un fuerte ruido, alto, agudo, espantoso, seguido de horribles gritos me regresó al estado de conciencia, mi oído me decía que ahora había una gran cantidad de humanos en la zona, lo peor de todo era que la cerradura se movía y no tenía a donde escapar, probé rápidamente con la activación del camuflaje del vehículo exploratorio y funcionaba, lo activé y me mantuve en silencio.

La puerta se abrió y entraron tres humanos uno de ellos era un humano en edad madura, seguido de dos crías, las crías corrían hacia el rincón opuesto a la ubicación de la nave y tomaron del piso una esfera a cuadros blancos y negros, estaban peleándose para llevar la esfera y el humano adulto les regañó, luego salieron los tres del cuarto y la estancia volvió a quedar a oscuras y en silencio. Yo chequeaba el manual de la nave para intentar reparar el daño en los equipos de comunicación, pasó un tiempo más bien corto y escuché pasos afuera, al perecer una de las crías volvía con algo que producía sonidos metálicos, tomé la decisión de asumir una figura no ofensiva, por lo cual usé la única que recordé, un gato pardo, me deslicé y cuando la cría entró me vio
La cría dejo la esfera a un lado y se abalanzó sobre mí, salté rápidamente a un escaparate y la cría me dijo: no tengas miedo gatito, no te haré daño, tomé su palabra como cierta, me acerqué cautelosamente y el pequeño acarició mi lomo, fue una sensación agradable.
El pequeño preguntó amablemente: ¿qué haces aquí
adentro? ¿cómo llegaste? mis sentidos extrasensoriales me indiciaban que el
pequeño humano podría sostener una comunicación telepática sin alterarse, lo
cual no es normal para los humanos, por lo cual tomé una decisión que cambió mi
existencia para siempre; le respondí, lo que verás a continuación es la
conversación que sostuvimos aquel día:
- -Hola - le dije- no te asustes no soy un gato común.
- ¿Cómo es que puedo escucharte? -respondió el niño muy excitado.
- Tengo esta habilidad de comunicación, la cual es normal para mi especie.
- Entiendo, -dijo el pequeño llevándose las manos a la cabeza- eres un gato mago...
- Cómo no pude entender a que se refería, le dije que la magia y la ciencia eran algo similar.
- No me gusta la clase de ciencias, la señorita Raquel la maestra de ciencias nos deja mucho trabajo y la verdad es que habla demasiado, a veces me duermo ¡guau! nunca pensé tener un amigo a quien contarle estas cosas, ¿tu podrías ser mi amigo?
- ¿Qué es un amigo?
- Son como dos personas... se cuentan cosas y tienen secretos que no puedes decirle a nadie.
- Supongo que somos amigos entonces.
- Está bien, sonrió el pequeño y tomó una de las patas delanteras, luego la sacudió suavemente, al parecer este era un proceso por medio del cual se sellaban pactos en la especie humana.
- ¿Qué haces tú aquí y como llegaste? pregunté al pequeño.
- Vengo todos los días, estudio aquí, mi padre me trae en la mañana, excepto el fin de semana, esta es la escuela primaria de la comuna 3 en la que vivimos.
- ¿Por cuánto tiempo te dejará aquí tu padre? pregunté.
- Creo que serán varios años, mi hermano tiene 22 años y va a la universidad, dice que le dejan mucho trabajo y que mi vida en el colegio es agradable comparada con la suya.
- ¡Oh! ¿Por qué debes venir?
- Mi padre dice que así es como debe ser, dice que él estudió durante casi treinta años y que después podremos ir a un buen trabajo al crecer.
- ¿Y qué haces en el tiempo que estás aquí?
- Tenemos clases y hay que estudiar y aprender cosas, la verdad no me gusta venir a la escuela, pero mi padre tendría un ataque si se lo digo.
- ¿Para que estudian y aprenden cosas?
- No lo sé, cuando sea grande quiero ser astronauta.
- ¿Y aquí aprendes a ser un astronauta?
- La verdad es que no, una vez la señorita Raquel nos enseñó los nombres de los planetas: mercurio, venus, tierra, marte y plactón.
- ¿Qué es eso?
- Los planetas que están rodando en círculos por el sol, aunque ahora que
lo pienso era algo así como que estaban conectados, pero no lo recuerdo...
- Entiendo, pero no veo cómo vas a hacerte un astronauta.
-Creo que hay que esperar a que termine la escuela y vaya a la
universidad como mi hermano.
- Tu hermano se hace astronauta ahora.
- No, mi hermano estudia con números, mi padre dijo que tendría mucho
dinero de esta forma.
- Entiendo, tú padre no tiene dinero, por lo que sé, que es una gran carga
para los humanos.
- A veces dice que no tiene lo
suficiente y que tiene que pagar el colegio y la universidad de mi hermano,
creo que se preocupa demasiado, una noche vi que lloraba en su estudio.
- Tu padre paga para enviarlos aquí.
- Si, bueno, así son todas las escuelas.
- Debe ser terrible.
-Si, un poco, en mi clase hay 50 estudiantes y los otros niños corren por
el salón, en ocasiones no puedo concentrarme en las tareas.
-¿50 crías? -dije con asombro.
- Si, pero el año pasado éramos 51, Alejandro debió retirarse porque era
un niño muy extraño, los profesores debían sujetarlo para que no rompiera las
cosas, me causaba miedo.
Cada vez estaba más aterrada de la vida de las
crías humanas, como esta sesión tuvimos tres más, pero la verdad es que no
podía entender el sentido de la vida de los humanos, el pequeño me llevaba alimentos,
pero debía volver a sus labores en aquella prisión, me ayudó consiguiendo
algunos materiales que me permitieron reparar mi nave para volver a la
base. Aún recuerdo el día en que nos despedimos, sus ojos goteaban y se
negaba a mi partida, pero le prometí que haría todo lo posible para que todo
fuese diferente algún día.
Mis maestros dicen que no interferimos, sólo
observamos, pues los cambios que deben realizarse son demasiado profundos para
la civilización humana, pero algunas veces cuando surco los cielos apago el
sistema de camuflaje y algún humano intrépido consigue ver, entonces si no
sucumbe ante el miedo, su mente podrá ser libre y soñar con ser astronauta o inventar
maravillosas naves que viajan a través del espacio tiempo, tal vez, después de
todo si podamos inspirarlos para mejorar la vida en la planeta con asombrosos
inventos y esto me hace un poco feliz.

