lunes, 24 de agosto de 2020

La moderna glaciación

Es un planeta vasto, pero en él han muerto las musas, tiene el tan preciado oxigeno pero el aire no guarda aromas, me deslizo en medio de las nubes de dióxido, tratando de encontrar una salida pero no la encuentro, no sé cómo llegue hasta aquí, fue en vano acaso el recorrido que hacía por entre los mundos, en vano todos los siglos por los que llegué a ser.

Simplemente un día, el más común, como cualquier otro desperté, abrí los ojos a la luz solar y sin quererlo me sentí extranjera cuando todos creían encontrarse en casa, estoy condenada a vivir en un cruel mundo donde el frío glaciar de sus habitantes quisiera a veces consumirme hasta quedar en nada.

Vivo escondida entre aparentes muros de hielo para que el frío que deslíen los demás seres vivos de este lugar no logre tocarme, este frío es una plaga que mata lentamente, enfermedad silenciosa que nadie llama enfermedad, a la que le rinden culto los moradores del glaciar y le llaman a su vez con nombres demasiado insignes para maquillar su malvado interés.

He conocido gentes benévolas en apariencia, pero debajo de su bondad se camufla el desgraciado virus que nadie quiere erradicar, he puesto el corazón más de una vez queriendo creer en realidad que existe un alma libre de este mal, pero el abrigo con el que he venido de allá arriba me salvado de sufrir una hipotermia o de finiquitar.

 Ya lo he pensado mas de una vez... no sé que digo; porque sería incapaz de salir al exterior de planeta y dejarme contagiar hasta que al fin sea igual a ellos sin nada que lamentar, unirme en su locura y morir con los demás, pero si me resuelvo a morir helada tendría que morir dos veces, una para dejarme helar y la otra cuando al fin el frío haga su efecto total, por eso creo que aquí ya todos están muertos, todos se dejan helar y van tranquilamente caminando hacia el final.

He conocido un grupo muy selecto de personas a las que les molesta este mal, les molesta tanto que les hace sufrir y llorar, a veces suelen protestar contra él, es un grupo muy pequeño y los llamo amigos aunque no sé sí el Dios frío a dejado sobre este planeta un rastro de la amistad, a veces el frío se cuela y nos hace olvidar, sin embargo trato de recordar y fueron estas las únicas personas a las que este titulo les sentaba menos mal, los veo siempre como me veo a mi, perdidos entre la niebla tratando de hallarse a sí mismos. Sin motivo alguno y aunque ellos no quieran, yo los pierdo cada día más, el frío fascina, entorpece los sentidos y apabulla sin cesar, solo gente muy valiente se atreve a desafiarlo, el precio es demasiado alto, el precio es la soledad.


La mascara de hielo que mis amigos usaron para poder sobrevivir ha terminado por adherirse a su verdadera identidad esta mascara ya no es cálida como la mía, ¡se ha helado! Por eso debo poner distancias que no existen, no puedo terminar enferma de un frío irracional.

Deliro con el frío, en ocasiones cuando duermo siento como silba en mis oídos, como su mano inerte desea mi rostro tocar, despierto sobresaltada en medio de la oscuridad buscando de su maléfico poder escapar, tomo mi abrigo y me dispongo a marchar, a vagar, prefiero andar como un forastero: sin un lugar para llegar, ya casi no uso la mascara, pues podría sin quererlo terminar enfermando como todos los demás, solo abrigo la esperanza de poder volver a donde pertenezco, de volver pronto pues ya no sé hasta cuando pueda seguir huyendo del frío, ¡no puedo unirme a su desventurado glaciar!

Siento mucho dolor, de ver como este virus carcome a toda la humanidad, podrán llamarle fuerza, poder y no sé que más, pero yo le llamo fría y atroz  insensibilidad  que ha nacido en las garras de la superficialidad.

Créditos de la imagen:
Foto de Invierno creado por wirestock - www.freepik.es

Mayday

¡Alfa! ¡alfa! vehículo exploratorio Orión sin control, recuerdo que fue lo último que dije antes de estampillar la cabina de mando contra un tejado derruido. Lo siguiente que recuerdo es que traté de esconder el desastre, por fortuna usaba uno de los vehículos de exploración planetaria más pequeños cuando ocurrió la falla, al parecer un impulso electromagnético generado en la zona afectó los controles de mando mientras exploraba.  El vehículo traspasó completamente el tejado razón por la cual solo tuve que mover unos bloques de zinc usados por los humanos a modo de techo para cubrir el paradero de la nave.

El lugar parecía abandonado, era un depósito muy extraño y oscuro, había un estante muy raro que contenía cadáveres de especies animales en un líquido viscoso ¡vaya forma de conservación! en otro estante se encontraban apilados pergaminos que parecían ser muy antiguos, traté de leer algunos, eran muy grandes y contenían dibujos, aún estoy estudiando el lenguaje escrito de los humanos, pero por lo que pude apreciar se referían a eventos pasados y algunas investigaciones. La puerta de esta estancia se encontraba cerrada desde afuera y según recuerdo cuando sobrevolaba se trataba de un edificio aislado en una construcción más grande, mi desarrollado sentido del oído me confirmaba que no había presencia humana en las inmediaciones, en este punto me sentí muy cansada, mi estado no era el mejor después de un aterrizaje de esta índole, los aparatos de la nave seguían sin funcionar, me deslicé a su interior y entré en un largo trance de recuperación.

Perdí la noción del tiempo y un fuerte ruido, alto, agudo, espantoso, seguido de horribles gritos me regresó al estado de conciencia, mi oído me decía que ahora había una gran cantidad de humanos en la zona, lo peor de todo era que la cerradura se movía y no tenía a donde escapar, probé rápidamente con la activación del camuflaje del vehículo exploratorio y funcionaba, lo activé y me mantuve en silencio.  

La puerta se abrió y entraron tres humanos uno de ellos era un humano en edad madura, seguido de dos crías, las crías corrían hacia el rincón opuesto a la ubicación de la nave y tomaron del piso una esfera a cuadros blancos y negros, estaban peleándose para llevar la esfera y el humano adulto les regañó, luego salieron los tres del cuarto y la estancia volvió a quedar a oscuras y en silencio. Yo chequeaba el manual de la nave para intentar reparar el daño en los equipos de comunicación, pasó un tiempo más bien corto y escuché pasos afuera, al perecer una de las crías volvía con algo que producía sonidos metálicos, tomé la decisión de asumir una figura no ofensiva, por lo cual usé la única que recordé, un gato pardo, me deslicé y cuando la cría entró me vio 

La cría dejo la esfera a un lado y se abalanzó sobre mí, salté rápidamente a un escaparate y la cría me dijo: no tengas miedo gatito, no te haré daño, tomé su palabra como cierta, me acerqué cautelosamente y el pequeño acarició mi lomo, fue una sensación agradable. 

El pequeño preguntó amablemente: ¿qué haces aquí adentro? ¿cómo llegaste? mis sentidos extrasensoriales me indiciaban que el pequeño humano podría sostener una comunicación telepática sin alterarse, lo cual no es normal para los humanos, por lo cual tomé una decisión que cambió mi existencia para siempre; le respondí, lo que verás a continuación es la conversación que sostuvimos aquel día:

-        -Hola - le dije- no te asustes no soy un gato común.
- ¿Cómo es que puedo escucharte? -respondió el niño muy excitado.
- Tengo esta habilidad de comunicación, la cual es normal para mi especie.
- Entiendo, -dijo el pequeño llevándose las manos a la cabeza- eres un gato mago...
- Cómo no pude entender a que se refería, le dije que la magia y la ciencia eran algo similar.
- No me gusta la clase de ciencias, la señorita Raquel la maestra de ciencias nos deja mucho trabajo y la verdad es que habla demasiado, a veces me duermo ¡guau! nunca pensé tener un amigo a quien contarle estas cosas, ¿tu podrías ser mi amigo?
- ¿Qué es un amigo?
- Son como dos personas... se cuentan cosas y tienen secretos que no puedes decirle a nadie.
- Supongo que somos amigos entonces.
- Está bien, sonrió el pequeño y tomó una de las patas delanteras, luego la sacudió suavemente, al parecer este era un proceso por medio del cual se sellaban pactos en la especie humana.
- ¿Qué haces tú aquí y como llegaste? pregunté al pequeño.
- Vengo todos los días, estudio aquí, mi padre me trae en la mañana, excepto el fin de semana, esta es la escuela primaria de la comuna 3 en la que vivimos.
- ¿Por cuánto tiempo te dejará aquí tu padre? pregunté.
- Creo que serán varios años, mi hermano tiene 22 años y va a la universidad, dice que le dejan mucho trabajo y que mi vida en el colegio es agradable comparada con la suya.
- ¡Oh! ¿Por qué debes venir?
- Mi padre dice que así es como debe ser, dice que él estudió durante casi treinta años y que después podremos ir a un buen trabajo al crecer.
- ¿Y qué haces en el tiempo que estás aquí?
- Tenemos clases y hay que estudiar y aprender cosas, la verdad no me gusta venir a la escuela, pero mi padre tendría un ataque si se lo digo.
- ¿Para que estudian y aprenden cosas?
- No lo sé, cuando sea grande quiero ser astronauta.
- ¿Y aquí aprendes a ser un astronauta?
- La verdad es que no, una vez la señorita Raquel nos enseñó los nombres de los planetas: mercurio, venus, tierra, marte y plactón.
- ¿Qué es eso?
- Los planetas que están rodando en círculos por el sol, aunque ahora que lo pienso era algo así como que estaban conectados, pero no lo recuerdo...
- Entiendo, pero no veo cómo vas a hacerte un astronauta.
-Creo que hay que esperar a que termine la escuela y vaya a la universidad como mi hermano.
- Tu hermano se hace astronauta ahora.
- No, mi hermano estudia con números, mi padre dijo que tendría mucho dinero de esta forma.
- Entiendo, tú padre no tiene dinero, por lo que sé, que es una gran carga para los humanos.
- A veces dice que no tiene lo suficiente y que tiene que pagar el colegio y la universidad de mi hermano, creo que se preocupa demasiado, una noche vi que lloraba en su estudio.
- Tu padre paga para enviarlos aquí.
- Si, bueno, así son todas las escuelas.
- Debe ser terrible.
-Si, un poco, en mi clase hay 50 estudiantes y los otros niños corren por el salón, en ocasiones no puedo concentrarme en las tareas.
-¿50 crías? -dije con asombro.
- Si, pero el año pasado éramos 51, Alejandro debió retirarse porque era un niño muy extraño, los profesores debían sujetarlo para que no rompiera las cosas, me causaba miedo.

Cada vez estaba más aterrada de la vida de las crías humanas, como esta sesión tuvimos tres más, pero la verdad es que no podía entender el sentido de la vida de los humanos, el pequeño me llevaba alimentos, pero debía volver a sus labores en aquella prisión, me ayudó consiguiendo algunos materiales que me permitieron reparar mi nave para volver a la base. Aún recuerdo el día en que nos despedimos, sus ojos goteaban y se negaba a mi partida, pero le prometí que haría todo lo posible para que todo fuese diferente algún día.

Mis maestros dicen que no interferimos, sólo observamos, pues los cambios que deben realizarse son demasiado profundos para la civilización humana, pero algunas veces cuando surco los cielos apago el sistema de camuflaje y algún humano intrépido consigue ver, entonces si no sucumbe ante el miedo, su mente podrá ser libre y  soñar con ser astronauta o inventar maravillosas naves que viajan a través del espacio tiempo, tal vez, después de todo si podamos inspirarlos para mejorar la vida en la planeta con asombrosos inventos y esto me hace un poco feliz.