¡Alfa! ¡alfa! vehículo exploratorio Orión sin
control, recuerdo que fue lo último que dije antes de estampillar la cabina de
mando contra un tejado derruido. Lo siguiente que recuerdo es que traté de
esconder el desastre, por fortuna usaba uno de los vehículos de exploración
planetaria más pequeños cuando ocurrió la falla, al parecer un impulso
electromagnético generado en la zona afectó los controles de mando mientras exploraba.
El vehículo traspasó completamente el tejado razón por la cual solo tuve que
mover unos bloques de zinc usados por los humanos a modo de techo para cubrir
el paradero de la nave.
El lugar parecía abandonado, era un depósito muy
extraño y oscuro, había un estante muy raro que contenía cadáveres de especies
animales en un líquido viscoso ¡vaya forma de conservación! en otro
estante se encontraban apilados pergaminos que parecían ser muy antiguos, traté
de leer algunos, eran muy grandes y contenían dibujos, aún estoy estudiando el
lenguaje escrito de los humanos, pero por lo que pude apreciar se referían a
eventos pasados y algunas investigaciones. La puerta de esta estancia se encontraba
cerrada desde afuera y según recuerdo cuando sobrevolaba se trataba de un
edificio aislado en una construcción más grande, mi desarrollado sentido del
oído me confirmaba que no había presencia humana en las inmediaciones, en este
punto me sentí muy cansada, mi estado no era el mejor después de un aterrizaje
de esta índole, los aparatos de la nave seguían sin funcionar, me deslicé a su
interior y entré en un largo trance de recuperación.
Perdí
la noción del tiempo y un fuerte ruido, alto, agudo, espantoso, seguido de
horribles gritos me regresó al estado de conciencia, mi oído me decía que ahora
había una gran cantidad de humanos en la zona, lo peor de todo era que la cerradura
se movía y no tenía a donde escapar, probé rápidamente con la activación del
camuflaje del vehículo exploratorio y funcionaba, lo activé y me mantuve en
silencio.

La puerta se abrió y entraron tres humanos uno de
ellos era un humano en edad madura, seguido de dos crías, las crías corrían
hacia el rincón opuesto a la ubicación de la nave y tomaron del piso una esfera
a cuadros blancos y negros, estaban peleándose para llevar la esfera y el
humano adulto les regañó, luego salieron los tres del cuarto y la estancia
volvió a quedar a oscuras y en silencio. Yo chequeaba el manual de la nave para
intentar reparar el daño en los equipos de comunicación, pasó un tiempo más
bien corto y escuché pasos afuera, al perecer una de las crías volvía con algo
que producía sonidos metálicos, tomé la decisión de asumir una figura no
ofensiva, por lo cual usé la única que recordé, un gato pardo, me deslicé y
cuando la cría entró me vio
La cría dejo la esfera a un lado y se abalanzó sobre mí, salté rápidamente a un escaparate y la cría me dijo: no tengas miedo
gatito, no te haré daño, tomé su palabra como cierta, me acerqué cautelosamente
y el pequeño acarició mi lomo, fue una sensación agradable.
El pequeño preguntó amablemente: ¿qué haces aquí
adentro? ¿cómo llegaste? mis sentidos extrasensoriales me indiciaban que el
pequeño humano podría sostener una comunicación telepática sin alterarse, lo
cual no es normal para los humanos, por lo cual tomé una decisión que cambió mi
existencia para siempre; le respondí, lo que verás a continuación es la
conversación que sostuvimos aquel día:
- -Hola - le dije- no te asustes no soy un gato común.
- ¿Cómo es que puedo escucharte? -respondió el niño muy excitado.
- Tengo esta habilidad de comunicación, la cual es normal para mi especie.
- Entiendo, -dijo el pequeño llevándose las manos a la cabeza- eres un gato mago...
- Cómo no pude entender a que se refería, le dije que la magia y la ciencia eran algo similar.
- No me gusta la clase de ciencias, la señorita Raquel la maestra de ciencias nos deja mucho trabajo y la verdad es que habla demasiado, a veces me duermo ¡guau! nunca pensé tener un amigo a quien contarle estas cosas, ¿tu podrías ser mi amigo?
- ¿Qué es un amigo?
- Son como dos personas... se cuentan cosas y tienen secretos que no puedes decirle a nadie.
- Supongo que somos amigos entonces.
- Está bien, sonrió el pequeño y tomó una de las patas delanteras, luego la sacudió suavemente, al parecer este era un proceso por medio del cual se sellaban pactos en la especie humana.
- ¿Qué haces tú aquí y como llegaste? pregunté al pequeño.
- Vengo todos los días, estudio aquí, mi padre me trae en la mañana, excepto el fin de semana, esta es la escuela primaria de la comuna 3 en la que vivimos.
- ¿Por cuánto tiempo te dejará aquí tu padre? pregunté.
- Creo que serán varios años, mi hermano tiene 22 años y va a la universidad, dice que le dejan mucho trabajo y que mi vida en el colegio es agradable comparada con la suya.
- ¡Oh! ¿Por qué debes venir?
- Mi padre dice que así es como debe ser, dice que él estudió durante casi treinta años y que después podremos ir a un buen trabajo al crecer.
- ¿Y qué haces en el tiempo que estás aquí?
- Tenemos clases y hay que estudiar y aprender cosas, la verdad no me gusta venir a la escuela, pero mi padre tendría un ataque si se lo digo.
- ¿Para que estudian y aprenden cosas?
- No lo sé, cuando sea grande quiero ser astronauta.
- ¿Y aquí aprendes a ser un astronauta?
- La verdad es que no, una vez la señorita Raquel nos enseñó los nombres de los planetas: mercurio, venus, tierra, marte y plactón.
- ¿Qué es eso?
- Los planetas que están rodando en círculos por el sol, aunque ahora que
lo pienso era algo así como que estaban conectados, pero no lo recuerdo...
- Entiendo, pero no veo cómo vas a hacerte un astronauta.
-Creo que hay que esperar a que termine la escuela y vaya a la
universidad como mi hermano.
- Tu hermano se hace astronauta ahora.
- No, mi hermano estudia con números, mi padre dijo que tendría mucho
dinero de esta forma.
- Entiendo, tú padre no tiene dinero, por lo que sé, que es una gran carga
para los humanos.
- A veces dice que no tiene lo
suficiente y que tiene que pagar el colegio y la universidad de mi hermano,
creo que se preocupa demasiado, una noche vi que lloraba en su estudio.
- Tu padre paga para enviarlos aquí.
- Si, bueno, así son todas las escuelas.
- Debe ser terrible.
-Si, un poco, en mi clase hay 50 estudiantes y los otros niños corren por
el salón, en ocasiones no puedo concentrarme en las tareas.
-¿50 crías? -dije con asombro.
- Si, pero el año pasado éramos 51, Alejandro debió retirarse porque era
un niño muy extraño, los profesores debían sujetarlo para que no rompiera las
cosas, me causaba miedo.
Cada vez estaba más aterrada de la vida de las
crías humanas, como esta sesión tuvimos tres más, pero la verdad es que no
podía entender el sentido de la vida de los humanos, el pequeño me llevaba alimentos,
pero debía volver a sus labores en aquella prisión, me ayudó consiguiendo
algunos materiales que me permitieron reparar mi nave para volver a la
base. Aún recuerdo el día en que nos despedimos, sus ojos goteaban y se
negaba a mi partida, pero le prometí que haría todo lo posible para que todo
fuese diferente algún día.
Mis maestros dicen que no interferimos, sólo
observamos, pues los cambios que deben realizarse son demasiado profundos para
la civilización humana, pero algunas veces cuando surco los cielos apago el
sistema de camuflaje y algún humano intrépido consigue ver, entonces si no
sucumbe ante el miedo, su mente podrá ser libre y soñar con ser astronauta o inventar
maravillosas naves que viajan a través del espacio tiempo, tal vez, después de
todo si podamos inspirarlos para mejorar la vida en la planeta con asombrosos
inventos y esto me hace un poco feliz.